Discapacidad intelectual: qué es, cómo ayudar y el rol del cuidador

Marta Domínguez Angón, alumna de prácticas del Grado de Psicología.

Cada 3 de diciembre, desde 1992, se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, para concienciar a la población de las dificultades añadidas a las que se enfrentan cada día las personas con discapacidad, fomentar la igualdad de oportunidades y favorecer la integración de las personas con discapacidades a todos los niveles (laboral, político, social, económico y cultural).

Desde el Área de Psicología, este año nos queremos centrar en la discapacidad intelectual.

¿Qué es la discapacidad intelectual?

Se considera que una persona tiene una discapacidad intelectual cuando manifiesta, antes de los 18 años, una serie de limitaciones a la hora de desarrollar habilidades intelectuales (razonamiento, planificación, aprendizaje) o sociales que le impiden funcionar de forma autónoma en su vida diaria, ya que tienen más problemas que los demás a la hora de aprender y comunicarse.

En España hay aproximadamente 300.000 personas con discapacidad intelectual, muchas de las cuales son capaces de alcanzar un nivel de autonomía comparable al de una persona sin discapacidad. Para el desarrollo de las personas con discapacidad intelectual es esencial el apoyo y el estímulo de su entorno familiar.  

¿Cómo puedo ayudar a alguien con discapacidad intelectual a aprender algo nuevo?

Si eres familiar o cuidador de alguien con discapacidad intelectual, sabrás que una de las mayores dificultades a las que se enfrenta es el aprendizaje. Para facilitar el aprendizaje de una nueva tarea, te recomendamos dividirla en pequeñas actividades de poca duración, estructuradas en varios pasos.

Comenzaremos enseñándole la parte más sencilla, para aumentar su motivación. Primero lo haremos, explicando muy claramente los pasos a seguir y luego, cuando lo haga, señalaremos todas aquellas cosas que ha hecho bien, aunque haya tenido fallos y sea necesario repetir el proceso varias veces. Es importante que nuestro “alumno” reciba un mensaje de apoyo y orgullo ante el aprendizaje de una nueva tarea. Es muy importante que sienta motivación y reconocimiento por parte de su entorno cuando haga de forma autónoma y por propia iniciativa tareas o actividades para las que antes pedía ayuda.

Por otro lado, algunas personas con discapacidad intelectual tienen dificultades para desenvolverse en contextos sociales, expresar lo que piensan o transmitir sus sentimientos. Un profesional de la Psicología puede resultar útil para trabajar las habilidades sociales, expresión de emociones, etc.

En el caso de la Clínica Universitaria, el psicólogo colaboraría, si es necesario, con neuropsicólogos, especializados en déficits en el lenguaje, la atención, las funciones ejecutivas, etc. y con terapeutas ocupacionales, cuya función es desarrollar al máximo las capacidades de cada individuo y conseguir el mayor nivel de autonomía posible. Este abordaje multidisciplinar permitiría lograr el máximo desempeño y un aumento en la calidad de vida del paciente.

El cuidador, el eterno olvidado

El cuidador es quien está a cargo de una persona dependiente, ayudándole en las actividades básicas del día a día. Suele ser un familiar cercano, generalmente los padres, por lo que no existen horarios ni vacaciones en su tarea.

La responsabilidad y la carga de trabajo que soporta un cuidador puede resultar extenuante, aunque en muchas ocasiones pase desapercibido. La excesiva entrega al cuidado de la persona con discapacidad puede repercutir negativamente en la salud física y mental del cuidador, afectar a su vida social y causar cuadros de ansiedad y depresión, problemas de sueño, dolor de espalda, dolores musculares, aislamiento social y falta de tiempo libre.

Para prevenir o reducir estos síntomas, es importante trabajar en el autocuidado y prestar atención a los niveles de estrés. El autocuidado consiste en dedicar tiempo a la práctica de actividades beneficiosas para uno mismo, para el mantenimiento de nuestra salud y bienestar.

Es recomendable establecer rutinas y reservar horarios destinados al ocio del cuidador para evitar la sobrecarga. También puede resultar útil acudir a terapia psicológica, para gestionar de forma adecuada el estrés de la vida diaria, trabajar en áreas que están siendo descuidadas, etc. Además, es una oportunidad para destinar tiempo para usted en su propio cuidado personal.

Si necesitas asesoramiento más detallado sobre este tema, puedes contactar con nuestro equipo de psicología en el 91.488.89.28/29 o en citas@urjc.es

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