DÍA MUNDIAL DE LA SALUD MENTAL

Nuestras relaciones como indicativos de nuestra salud mental

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Área de psicología.- Todo, en el día a día, está enmarcado en las relaciones que tenemos. Las redes sociales se han adueñado del mundo, nuestra familia, cómo son nuestras amistades y lo que nos aportan, las relaciones laborales o académicas que establecemos, etc. Es imposible no aceptar que las relaciones afectan sobre nuestro estado de ánimo y, en consecuencia, sobre nuestra salud mental. Por desgracia cada vez hay más casos de depresión y ansiedad especialmente en adultos y en adolescentes motivados por problemas relacionales, bien sea con compañeros del trabajo o con compañeros de clase o parejas.

Las personas crecemos, nos desarrollamos, maduramos y morimos relacionándonos con los demás; podemos enfermar y sanar, mentalmente hablando, gracias a los vínculos afectivos que establecemos. Las famosas relaciones tóxicas nos llevan a dinámicas muy dañinas para nosotros mismos y en cambio tenemos otras con las que podemos sentir que pase lo que pase en el mundo no nos puede afectar, como un bálsamo que nos aporta calma y bienestar cuando alguien nos da un abrazo o nos dice la típica frase de “no te preocupes que irá bien”, y nos la llegamos a creer a “pies juntillas” aunque solo sea durante unos segundos.

Bajo estos precedentes, en este artículo vamos a daros unas nociones de cómo saber si estaría bien que trabajásemos algunos de nuestros aspectos personales siguiendo las pistas de nuestro entorno social y cómo lo construimos.

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La forma que tenemos de interactuar con los demás tiene mucho que ver con nuestro aprendizaje vital, desde la infancia hasta la adolescencia y la edad adulta. Cuando somos pequeños en casa nos han enseñado a comportarnos con los otros, bien con normas explicitas de lo que hay que hacer y lo que no, o bien por puro aprendizaje de modelado, es decir, viendo cómo nuestras figuras de referencia (nuestros padres, abuelos o cuidadores) se comportaban con otras personas; familia, amigos, jefes, vecinos, parejas o compañeros de trabajo. Lo que decidamos hacer con lo aprendido en el pasado como adultos ya forma parte de nuestra propia responsabilidad con nosotros mismos.

La manera que tenemos de construir relaciones está íntimamente ligada a esa forma de construir vínculos afectivos, los cuales están relacionado con el tipo de apego que cada individuo ha desarrollado. Y el tipo de apego que presentemos está altamente correlacionado con distintos tipos de trastornos psicológicos (ansiedad, depresión, toc, dependencia, personalidad, etc.)

Existen 3 tipos de apego principalmente y en cada uno de ellos vamos a explicaros de qué forma es más habitual entablar relaciones y cómo se suelen sentir habitualmente las personas en cada caso.

1.- APEGO SEGURO

Son personas que suelen construir relaciones estables en el tiempo con los demás, con límites personales claros y saludables. Tienen definida de forma clara su personalidad, su opinión, proyectos vitales, gustos, valores, principios, etc. Que los tengan definidos de forma clara no significa rígida o inamovible, pueden debatir ideas y si están conformes, cambiar de opinión sin que eso les parezca un problema o una pérdida. Uno de sus rasgos característicos es el de la flexibilidad, pero eso sí, sin transgredir unos límites saludables para ellos mismos. Es habitual que presenten autoestimas sanas y buena confianza y ajuste sobre sus capacidades, virtudes y rendimiento.

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No necesitan a los otros para sentirse bien, su estado de ánimo es responsabilidad de ellos, lo que significa que la forma de actuar de otros no desestabiliza su estructura personal o bienestar, aunque presentando problemas con personas importantes tengan emociones como tristeza o preocupación,  esas emociones en ese ámbito están bien contextualizadas. Los adultos con un apego seguro son capaces de identificar y expresar sus estados emocionales de manera consistente, certera y no invasiva a los demás. Las personas con este tipo de apego suelen contar con una red sana de relaciones sociales en la que compartir cosas buenas y malas a diario, de la que dan y reciben apoyo a partes iguales. Suelen tener buena autoestima, no se valoran solo por un motivo (rendimiento académico o laboral, aspecto físico, relación de pareja, etc.), si no por el conjunto de lo que hacen, son, logran y tienen, más allá de recibir o no validaciones externas de estos aspectos por otras personas.

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Suelen tener hábitos de vida saludables desde, por ejemplo, tener incorporado el deporte en su vida diaria hasta bien delimitado el tiempo para su trabajo, su vida social y familiar. Y no correlacionan de forma generalizada con trastornos psicológicos permanentes ni prolongados a lo largo del tiempo.

2.- APEGO INSEGURO/AMBIVALENTE

Las personas con apego inseguro o ambivalente suelen llegar a establecer relaciones interpersonales con facilidad, pero presentan tendencia a comportarse de manera ambivalente en las mismas; con idas y venidas, inestables, a veces muy próximas pudiendo llegar a ser invasivos en la intimidad de los otros y otras se distancian, pudiendo darse también con frecuencia variable explosiones de rabia o ira. Estas personas suelen esperar amor y cuidados por parte de los otros o de personas significativas en concreto, al mismo tiempo que tienen miedo a volver a ser ignorados o abandonados, aumentando así sus reclamos de atención y afecto, llevando muy mal o negándose a que se les deje solos, protestando o consintiendo que se transgredan límites para su propio bienestar si así pueden evitar la soledad, la desaprobación o un conflicto.

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Es frecuente en estas personas que estén muy instauradas en la queja, puesto que este era de los pocos sistemas que tenían para recibir de manera habitual cariño o cuidado por parte de los demás de manera estable. El problema es que en la edad adulta este sistema va perdiendo efectividad a lo largo del tiempo sobre las relaciones sociales, favoreciendo caer en el aislamiento social, confirmando así el miedo a ser abandonados que por desagracia sufren desde edades muy tempranas.

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Los adultos con este tipo de apego ansioso son más sensibles al rechazo y las valoraciones externas, a tener relaciones tóxicas o muy dañinas para sí mismos, a padecer ansiedad o depresión y correlacionan con más frecuencia con trastornos de la personalidad: histriónico, límite, por evitación y por dependencia (Bakermns-Kranenburg & van Ijzendoorn, 2009; Barone, 2003; Choi-Kain, Fitzmaurice, Zanarini, Laverdiere, & Gunderson, 2009; Fossati et al., 2003). Es fácil que tengan dificultades para identificar y expresar de forma clara sus estados emocionales y por tanto les cueste manejarlos de forma saludable. Suelen tener baja autoestima y un mal autocuidado y hábitos diarios, y muchas veces no sabemos bien dónde acaban sus responsabilidades y dónde dan comienzo las de los demás.

3.- APEGO EVITATIVO

Las personas que presentan este tipo de apego suelen afirmar la propia independencia de los vínculos afectivos, el típico “yo no necesito a nadie”. Están fuertemente dispuestos a afirmar su auto-suficiencia, lo que suele recaer en una habilidad baja para establecer relaciones sociales, presentado dificultades serias y significativas para manejar empatía con otras personas y/o establecer relaciones de confianza y compartir su intimidad con otros (Bolwby, 1980).

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Tienen una gran tendencia a no buscar ni esperar apoyo, empatía, cariño e intimidad en las relaciones interpersonales. Lo que suele sostener esta forma de relacionarse con los demás es un deseo de auto-protección ante las emociones penosas, que en muchas ocasiones pudieron sentir de niños al ser ignorados, criticados o mantenidos a una considerable distancia emocional de forma más o menos constante por sus figuras parentales o cuidadoras.

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Además de altos índices de sufrimiento y gran dificultad para identificar, diferenciar y expresar sus estados emocionales. El estilo de apego evitativo está asociado con trastornos de personalidad esquizoide, narcisista, antisocial y paranoide (Bakermns-Kranenburg & van Ijzendoorn, 2009; Barone, 2003; Choi-Kain, Fitzmaurice, Zanarini, Laverdiere, & Gunderson, 2009; Fossati et al., 2003; McGauley, Yakeley, Williams, & Bateman, 2011; Westen et al., 2006)

Si nos sentimos identificados con alguno de estos tipos de apego menos sanos/seguros o alguna de las patologías mencionadas, el tipo de relaciones que establecemos con los demás y la manera de hacerlo no como algo puntual sino de un modo más estable en nuestra vida, recomendamos asistir a terapia con un profesional, ya que aprender una forma de gestionarnos y gestionar la manera de relacionarnos con los demás, puede mejorar de un modo claro y muy grande nuestro bienestar y calidad de vida diarios.

Si necesitas ayuda puedes pedir información en:

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CITA PREVIA
Teléfono: 91 488 89 28
Whatsapp: 692 65 96 36
Correo electrónico: clinica.citas@urjc.es 

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