¿Qué sentimos cuando compramos?

¿Qué sentimos cuando compramos?

Ana Infante Tadeo.- alumna de prácticas del Máster de Psicología General Sanitaria, desde el Área de Psicología de la Clínica Universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos.

Actualmente vivimos en una sociedad y en un momento temporal en el que el comercio tiene mucha importancia en nuestras vidas, tanto es así que dedicamos cantidad de horas a realizar compras de todo tipo (alimentos, ropa, electrodomésticos,…) que realmente serían innecesarias en nuestra vida. Además del dinero invertido gastamos mucho tiempo en estas actividades, las cuales se intensifican cuando llegan momentos del año como el Black Friday o las “esperadas” Rebajas. Muchos incluso llegan a realizar durante todo el año pequeñas compras compulsivas, que son realmente innecesarias para la persona (p.ej.: comprar 15 prendas iguales) con el justificante de darse un capricho o regalar algo a alguien querido, cuando en realidad estos momentos suponen un alivio para la persona al sentirse triste, enfadado, con rabia o decaído, utilizando por tanto las compras como una vía de escape de la realidad. Las compras compulsivas generan un placer inmenso en la persona que las realiza, pero después de ello llegan los remordimientos, los reproches de la familia unidos a las discusiones y comienza un sentimiento en la persona que es dañino para él y su alrededor. En realidad lo que están consiguiendo no es sólo ponerse a ellos mismo en peligro, sino también a su familia, su trabajo, sus amigos…

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Las personas somos capaces de manejar cómo nos sentimos de muchos modos, uno de ellos es mediante el consumo de ropa, accesorios, calzado, productos informáticos o electrónicos. Nos calmamos con un producto que podemos conseguir de forma rápida y fácil sin el más mínimo esfuerzo, y al conseguirlo, éste funciona como una recompensa para nuestro organismo, nos sentimos bien, contentos, ilusionados, emocionados e incluso satisfechos por la nueva adquisición. Poco a poco vamos asociando este bienestar al momento de realizar compras por placer, no por necesidad, simplemente para sentirnos mejor.

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Cuando llegan estas fechas, la época de rebajas es algo que nos activa fisiológicamente. Si al placer asociado a las compras, que hemos mencionado anteriormente, le añadimos bajadas de precio (relativamente escasas en algunos productos), un potente factor social, ya que muchos vamos de tiendas con amigos o familia y lo convertimos en momentos sociales agradables y la presión social en la que nos vemos inmersos por muchos canales: medios de comunicación, anuncios publicitarios, centros comerciales. Todo ello hace que las rebajas se conviertan en algo espectacularmente atractivo y “necesario” para muchas personas que no pueden decir que no. Por ello son muchos los que llegan incluso a realizar compras compulsivas durante estos periodos de tiempo.

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Las compras compulsivas no dejan de ser conductas aditivas, que perjudican gravemente al individuo y a todo su contexto, por lo que se debe prestar mucha atención a las conductas que hacemos y a los indicadores de ello, algo que resulta difícil y costoso de diferenciar debido a la sociedad consumista en la que vivimos actualmente.

Quizás muchos de vosotros, al leer estas líneas, no os sintáis para nada reflejados en esta “oleada de compras compulsivas”, pero hagamos memoria y sin irnos muy lejos todos recordaremos hace pocas semanas las muy queridas, para algunos, fechas navideñas, las reuniones familiares interminables, las fiestas o los reencuentros con amigos. Y si pensamos en ellos, ¿en cuántas ocasiones la cantidad de aperitivos, comida, bebida y/o dulces es EXAGERADA?

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También en estas escenas se ve reflejada la necesidad que tenemos por llenar de algo material, mediante la comida, momentos familiares o eventos importantes en los que debería primar el contacto y la compañía con los demás. Cuántas veces alguno de nosotros en dichas comidas o cenas navideñas hemos dicho u oído frases del tipo: “¡Madre mía, cuánta comida!”; “¡Qué exageración!; “¡No puedo más!”; “Habré engordado tres kilos en estas Navidades…” Y aun así año tras año, seguimos comprando y cocinando la misma cantidad de comida, sabiendo aun todo lo que sobrará.

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Según el periódico El Mundo, el 25% de la comida que se compra para cenas y eventos navideños acaba en la basura. Este dato debería replantearnos muchas cosas, no solo la cantidad ingente de alimentos que compramos de forma desmesurada que acaba en contenedores sino el por qué de dicha necesidad. Por ello invitamos a que tomemos conciencia de ello, que reflexionemos acerca de cómo han sido las reuniones de Navidad y evaluemos si todo lo mencionado nos resulta familiar y cómo podemos cambiarlo, el punto clave es: primar más la compañía de familiares y amigos, dejando en un segundo plano las cosas materiales.

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Debemos hacer reflexión en estos temas, y pensar detenidamente qué es lo que nos hace sentir mejor cuando compramos cosas innecesarias. Quizás ese objeto material está llenando un espacio en nosotros que necesita atención, y lo suplimos con cosas materiales en vez de con hecho afectivos. Por eso es tan importante conocernos a nosotros mismos y a nuestro entorno, tener momentos de reflexión para evaluar cómo nos sentimos y estrechar relaciones con nuestros familiares y allegados para potenciar los sentimientos agradables y de bienestar con ellos en lugar de con las conductas adictivas.

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