¿CENAS FAMILIARES EN NAVIDAD?

¿CENAS FAMILIARES EN NAVIDAD?

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TENEMOS ALGO QUE TE AYUDARÁ A LLEVARLAS MEJOR

José Ángel Muñoz, alumno de prácticas del Grado de Psicología, desde el Área de Psicología de la Clínica Universitaria de la Universidad Rey Juan Carlos.- Sabes que llegará el momento. Lo has sabido durante todo el año, y aunque te has preparado a conciencia, algo dentro de ti augura el trago que te espera. La puerta de tu casa se abrirá, y de ella, armados con sus gorritos de Papá Noel y a bordo de espléndidas sonrisas de brillantes y astronómicas dimensiones, surgirán ellos. Sí, sabes bien de quién hablamos. Ellos, los de todos los años, los de todas las Navidades. Ese suegro que nunca te ha tragado, esa prima que siempre pone pegas a todo, ese cuñado que entra por la puerta con su nariz postiza y parpadeante y esgrimiendo a los cuatro vientos esa botella de champán, que seguro que le ha salido más barata que a ti porque tiene un “colega” que “le hace precio”, y con el que ha contactado con su teléfono móvil 147G, que es 49 veces mejor (y también más barato) que tu “3G de aficionado”. En definitiva, esos familiares que tienen sus pequeñas cosas y que al hablar con ellos, piensas que esta noche sólo puede acabar mal. Sin embargo…

QUE NO CUNDA EL PÁNICO

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… ¿de verdad está todo perdido de antemano? Por suerte, la Psicología posee la respuesta a esta pregunta y, con ella, la solución a tu problema.

Hoy vamos a hablar de algo que a los psicólogos nos gusta mucho, porque tiene que ver con los problemas de comunicación que muchas veces surgen entre las personas: la asertividad. De modo que, antes de que en tu “apacible” cena de Navidad comiencen a volar los cuchillos y los langostinos de la mesa a las cabezas de los distintos comensales, quizás te convenga permanecer leyendo, pues probablemente no tenga que llegar la sangre al río.

Pregúntate: ¿por qué surgen habitualmente las discusiones y los enfrentamientos entre las personas? Habitualmente, por nuestro estilo de comunicación. Al fin y al cabo, date cuenta de cuántas formas distintas hay de hablar con los demás. ¿Eres una persona pasiva, que deja que sus ideas no sean tomadas en cuenta por los demás? ¿O eres una persona agresiva, que impone sus ideas a los demás sin atender a las de ellos? Lo que nosotros te sugerimos es fácil: ni una ni otra. Te proponemos ser una persona asertiva.

Vale, es fácil de decir, pero, ¿en qué consiste la asertividad? Podríamos definirla como la capacidad que podemos desarrollar para hacer respetar nuestro punto de vista y nuestras ideas ante los demás sin por ello imponerlos ni agredir los suyos. ¿Suena bien, no? En definitiva, ser asertivo/a te permitirá mantener conversaciones sobre cualquier tema sin que ni tú ni las demás personas tengáis un motivo para reaccionar negativamente ante lo que dices. Ni siquiera tu prima.

VALE, ME HAS CONVENCIDO. ¿CÓMO PUEDO SER MÁS ASERTIVO/A EN MIS REUNIONES NAVIDEÑAS?

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Que la asertividad tenga un nombre propio tan rebuscado no significa, en ningún caso, que sea algo difícil de entender ni de aplicar. Lo más importante, ante todo, es que es algo que se puede aprender, y no nos negarás que en estas Navidades, en la mesa, tienes la ocasión perfecta para practicar.

1. Tienes derecho a expresar lo que piensas y lo que sientes. En serio. Lo tienes. Puede que te sientas mal por pensar algo o creas que lo que vas a decir pueda ser mal recibido. Sin embargo, que lo creas no quiere decir que vaya a ser así. ¡Prueba! Precisamente, estamos aprendiendo a decir las cosas de forma firme pero no violenta. Si lo haces así, no hay motivos para tener miedo.

2. Exprésate con claridad. Nadie puede leerte la mente. Por eso, preocúpate de decir las cosas sin dar nada por sobreentendido, pues si lo haces, podrías ser malinterpretado/a y, ahí sí, podrían surgir los problemas y las frustraciones. Cuidado con los “ya me entiendes” o los “ya sabéis a qué me refiero”. Puede que no te entiendan. Y que no lo sepan.

3. Formula tus críticas de forma objetiva, y no según tus impresiones. Comprenderás que un “¡menuda estupidez!” no va a crear en el otro la misma sensación que un “entiendo lo que dices, pero mi opinión ahí es diferente” (que, además, no nos negarás que es infinitamente más fino y elegante). Ciertamente, una crítica bien hecha cuestiona la postura del otro, pero no lo ataca a él. Y, si además sabes argumentar tu crítica de forma objetiva, ya te sales.

4. Acepta las críticas de los demás hacia ti. ¡Ojo! No estamos diciendo que aceptes cualquier cosa, sino sólo aquellas críticas bien planteadas, como hemos visto en el apartado anterior. Ponte en situación: tu suegro critica de pronto al partido político al que votas. Y lo que es peor, tu cuñado se pone de su parte. Es la ocasión perfecta para sacar a relucir un buen “Respeto lo que dices, pero en mi opinión, las cosas son distintas”. ¿Has visto? Con todo, si tu nueva y flamante asertividad no se ve correspondida por el otro, ¡no te rindas! Hazle ver que te ha molestado, y que hay otras formas de decirlo. Y recuerda: ¡Nadie es perfecto! (Ni siquiera el móvil de tu cuñado).

5. No seas pesado/a. No insistas. Si ya has transmitido una idea correctamente, o bien te han manifestado (asertivamente, siempre asertivamente) que un determinado tema resulta desagradable o molesto, no importa cuán asertivo/a seas al tratarlo: mejor cambiamos de tema.

6. Raya el disco. Antes de que corras a rayar ese preciado vinilo de los Beatles de los 70 que tu padre guarda como oro en paño, te comentamos que no es necesario. Si esta técnica se llama “disco rayado” es porque se basa en la idea de mantenerte firme en lo que quieres expresar, incluso cuando la otra persona tenga la actitud de querer desviarte o llevarte a su terreno. Una buena fórmula puede ser la siguiente: “comprendo tu punto de vista, pero yo me mantengo en que…”. Bonito, ¿verdad? Pues ya sabes: ¡que no puedan contigo! Eso sí: mucho cuidado con no caer en lo que comentábamos en el apartado anterior.

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EN CONCLUSIÓN…

En definitiva, las ventajas de mostrarte asertiva/o son muchas, pues ello te permite no solamente tratar cualquier tema, sino también tratar con cualquier persona, lo cual no es menos valioso, y menos aún en esta época de Navidad, cuando, normalmente, interactuamos con muchas personas en apenas unas semanas.

Así que ya sabes: ¿por qué renunciar a ciertos temas de conversación en la cena cuando, en realidad, podemos saber cómo hablarlos siendo escuchados y sin ofender a nadie? ¡Que corran el fútbol y la política! A fin de cuentas, llegados al punto en el que estás, ya no hay vuelta atrás. ¡Pon a prueba tu asertividad en estas Fiestas… y a disfrutar! 

Desde el Área de Psicología de la Clínica Universitaria de la URJC os deseamos

¡FELIZ NAVIDAD!

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